miércoles, 26 de enero de 2011

Lo que el gobierno de EEUU oculta sobre los OVNIS

Hay alguna evidencia de peso que demuestre que seres extraterrestres han visitado nuestro planeta alguna vez y que, además, siguen haciéndolo en nuestros días? Y si la hay, ¿quién la custodia? En términos parecidos se preguntaba el pasado mes de abril Keith Ferrel, editor de la prestigiosa publicación científica norteamericana Omni, acerca de la escurridiza naturaleza de los No Identificados al presentar el último número de su revista: un ejemplar titulado genéricamente La Conspiración OVNI y en el que, osadamente, se increpa a la administración del presidente Clinton para que abra sus archivos secretos sobre tan controvertida materia. Según se desprende de este recién publicado trabajo, existe desde hace casi cinco décadas un complot destinado a guardar bajo siete llaves una serie de informaciones, de carácter militar, que demuestran que el gobierno de los Estados Unidos tiene en su poder restos de varios platillos volantes" extraterrestres siniestrados... y que incluso mantiene -según los teóricos más atrevidos- una especie de "relación diplomática ultrasecreta" con seres de otros mundos.
No contentos con su osada exigencia de que todas esas pretendidas "pruebas" deban ver la luz inmediatamente, los responsables de Omni, con Ferrel a la cabeza, han puesto en marcha un extravagante proyecto llamado Libro Abierto, cuya sola mención recuerda de por si al casi homónimo proyecto de la Fuerza Aérea estadounidense conocido como Libro Azul, que entre 1952 y 1969 investigó más de 12.600 casos de OVNIs sobre territorio federal.
"Y no por accidente", confiesa Ferrel sin pudor en su página editorial. En definitiva, lo que Omni pretende con su Libro Abierto, cuyos resultados inmediatos desconocemos todavía- es no esperar de brazos cruzados a que los servicios de inteligencia del país desclasifiquen sus secretos mejor guardados sobre OVNIs, además de llamar la atención de sus lectores, reclamando de ellos evidencias científicamente comprobables que demuestren la presencia de naves extraterrestres en nuestros cielos.
La iniciativa, aunque singular, puede ayudar en los próximos meses a presionar al gobierno de Bill Clinton, que parece más dispuesto que cualquiera de sus predecesores a airear secretos acuñados durante el oscuro periodo de la "guerra fría". Hay razones para sostener un moderado optimismo sobre los posibles resultados del Libro Abierto, ya que a la presión que pueda ejercer un influyente medio de comunicación como Omni debe sumársele las recientes iniciativas políticas y civiles que reclaman una total transparencia sobre lo que el gobierno estadounidense ha logrado averiguar en torno a los OVNIs a partir de una fecha clave: Julio de 1947.


Roswell: buscando la punta del iceberg

Existen fundadas razones para suponer que la campaña de ocultación gubernamental de evidencias sobre OVNIs se inició tras la caída de un presunto "platillo volante" en los alrededores de Roswell, Nuevo México, en el verano de 1947. Según un precipitado comunicado emitido por efectivos de la Fuerza Aérea destinados en la zona, el 8 de Julio de aquel año, "un oficial de información del 509 Escuadrón de Bombarderos de la octava Fuerza Aérea, en el aeródromo de Roswell, tuvo la suerte de poder disponer de un disco volante mediante la cooperación de uno de los rancheros locales y del sheriff del condado de Chaves". Tras más de diez años de investigaciones sobre el caso (iniciadas precisamente a raíz del "redescubrimiento" en 1980 del referido comunicado de prensa), todos los indicios apuntan a que los restos del objeto en cuestión, así como cuatro cadáveres de pequeña estatura recogidos junto a los fragmentos del OVNI, fueron inmediatamente trasladados al cuartel militar de Wright Paiferson, en Ohio, para llevar a cabo allí un examen más concienzudo. Es incluso probable que los militares que examinaron los restos de Roswell no estuvieran suficiente-mente preparados para enfrentarse a aquella situación, y determinaran ocultar a la opinión pública el resultado de sus averiguaciones en espera de tiempos mejores. Al menos, hoy sabemos que oficiales de Washington ordenaron al acuartelamiento de Roswell desmentir la célebre nota de prensa del 8 de julio que hablaba de un "platillo volante", y sustituirla por un argumento más tranquilizador: los restos recuperados pertenecían, en verdad, a un "globo de sondeo meteorológico" caído de su posición prematuramente.
Más de trescientos testigos, directa o indirectamente relacionados con aquellos incidentes sucedidos justo cuando la prensa mundial empezaba a hablar de OVNIs demuestran que en Roswell pudo caer cualquier cosa... excepto-precisamente un globo sonda. Con ese bagaje documental, investigadores como Kevin Randle y Don Schmitt (autores del libro UFO crash al Roswell y de su recién publicada segunda parte, The Truth about Ihe UFO crash at Roswell) o Stanton Friedman y Don Berliner (a su vez autores de un tercer libro sobre el mismo tema, titulado Crash al Corona), decidieron a finales del año pasado solucionar el misterio por la vía política. Con la ayuda de la Fundación para la investigación de OVNIs (FUFOR), radicada en Mount Rainier, elaboraron un memorándum de 168 páginas resumiendo la situación en que se encontraba el caso, y lo presentaron a Steven Schiff, representante repúblicano por el Estado de Nuevo México ante el Senado de los Estados Unidos.
Estos últimos meses han servido para que Schiff haya puesto el asunto en manos de la General Accounting Office (GAO), que es la rama investigadora del
Senado para asuntos como malversación de fondos públicos en proyectos secretos sin control político, oque obedecen a oscuros intereses privados. Los resultados obtenidos apuntan a que la cortina de silencio es mucho más tupida de lo que en principio se suponía, ya que -por el momento- los Archivos Nacionales aseguran no disponer de ninguna información sobre el siniestro de un OVNI en Roswell.
Pero, sin duda, de entre todos los elementos de "presión" a la política secretista del gobierno puestos en juego, no hay uno que haya jugado hasta ahora un papel tan brillante como la televisión. En septiembre de 1989, por ejemplo, la cadena de televisión NBC emitía para todo el país un reportaje de treinta minutos íntegramente dedicado al "caso Roswell". En aquella ocasión, los responsables del programa Unsolved Mysteries recogieron un sinnúmero de llamadas telefónicas espontáneas que procedían de testigos que, de una u otra manera, recordaban haber vivido en primera persona algunas partes de los hechos recogidos por el documental. Los testimonios más veraces recuperados a partir de esa emisión han sido igualmente añadidos al resumen que la FU FOR presentó a Schiff, y que actualmente está siendo examinado por la GAO en espera de ordenar una investigación de gran alcance sobre estos hechos.
Igualmente influyente en este campo se está revelando la cadena de televisión Fox, que en 1994 ha lanzado a través de sus pantallas una curiosa serie de televisión titulada Expedientes X la cual ha ayudado a consolidar un estado de opinión pública de inquietud ante la despótica actuación gubernamental frente a la cuestión OVNI. Estos capítulos de Expediente X, que comenzaron a emitirse también en España a principios del pasado mes de marzo a través de Tele 5, están inspirados en un singular leitmotiv: la Oficina Federal de Investigaciones (FBI) tiene en su poder una serie de informes confidenciales sobre OVNIs y sucesos extraños que, en ocasiones, son investigados por agentes especiales. Los informes suelen hablar de implantes quirúrgicos extrañamente encontrados en el cuerpo de algunos abducidos, o de bases militares secretas -como la de Nellis, en Nevada- donde la Fuerza Aérea de los Estados Unidos parece estar experimentando con tecnología de origen alienígena.


La "horrible verdad"

Pero la realidad -al menos, la aparente, siempre supera a la ficción. Por ejemplo, en el caso de la inmensa base militar de Nellis, situada muy cerca de Las Vegas, corren desde hace cuatro años incesantes rumores sobre actividad OVNI en la zona, e incluso se habla de que estos objetos toman tierra dentro de sus instalaciones militares de alta seguridad. En buena medida los rumores tienen su origen en el testimonio de Robert Lazar, un joven físico que declaró públicamente haber trabajado entre diciembre de 1988 y abril de 1989 en una zona secreta de Nellis conocida como "Area-51". Allí, bajo un estricto control de seguridad, este físico aseguraba que empleó seis días en tratar de duplicar el sistema de propulsión de nueve aeronaves extraterrestres en poder de los militares. Y añade que trabajó también sobre un hasta ahora inédito elemento periódico, el 115, con el que al parecer estaban construidos los vehículos alienigenas de Nellis. Durante su permanencia en S-4 tuvo, además, la oportunidad de ver varias pruebas de vuelo de estos artefactos capaces de desafiar las leyes de la aerodinámica-, así como de examinar con detalle memorándums secretos que parecían aclarar porqué naves extraterrestres intactas estaban en poder de soldados norteamericanos. En estos documentos (clasificados bajo el epígrafe de Proyecto Galileo) se hablaba ampliamente de una política de cooperación entre el gobierno estadounidense y una raza extraterrestre, a la que el Tío Sam brindaba protección para el desarrollo de sus experimentos a cambio de participar de su tecnología punta.
¿Y de qué clase de experimentos se trataba? Veamos. Casi un año antes de que Lazar entrara a trabajar en S-4, un conocido piloto de pruebas de la CIA llamado John Lear, hacía público un aberrante documento en el que no sólo hablaba de los acuerdos bilaterales de cooperación entre los Estados Unidos y fuerzas extraterrestres, sino que aseguraba que el propósito de semejante alianza era permitir a estos últimos secuestrar, manipular e incluso asesinar a ciudadanos de aquella nación para la propia manutención de su raza, a cambio de cooperación tecnológica. A estos acuerdos, Lear los definió como la "horrible verdad" que el gobierno trataba de ocultar sobre los OVNIs a la opinión pública.
Un argumento que, ni qué decir tiene, fue tomando cuerpo con el tiempo al ser secundado por individuos como Lazar (quien incluso llevó a Lear a las inmediaciones de la base de Nellis para que viera de lejos las pruebas aeronáuticas con "platillos volantes") o William Cooper. Este último, un militar perteneciente al Cuerpo de Intendencia de la marina, afirma por su parte que entre 1971 y 1972 tuvo acceso a uno de los más buscados documentos secretos sobre OVNIs de todos los tiempos: el Informe Espacial Número 13 del Proyecto Libro Azul. Según su testimonio, también en este documento se contienen alusiones a la "horrible verdad", además de un buen número de menciones a otros proyectos secretos del ejército norteamericano, dirigidos a encontrar el modo de deshacerse de sus incómodos aliados interplanetarios.
De ninguna forma ha sido posible hasta ahora verificar las afirmaciones de Cooper. No obstante, otro militar, un sargento retirado afincado actualmente en Roswell y llamado Clifford Stone, ha estado increpando al Gobierno desde hace casi nueve años, tratando de confirmar la veracidad de un documento con un contenido similar al del Informe Especial Número 13, y conocido con el nombre clave de Proyecto Aquarius. En él se habla no sólo de naves estrelladas y de las misiones previstas para su recuperación, sino también de programas como el Snowbird, que prevee la realización de vuelos de prueba a bordo de naves extraterrestres. En esta ocasión el documento de Stone si tiene grandes visos de verosimilitud (al menos en lo que respecta a su origen gubernamental), debido fundamentalmente a dos factores: primero, que otro investigador, el ingeniero electrónico Lee Graham, obtuvo por un conducto oficial distinto al de Stone documentos que hablaban del proyecto Snowbird; y segundo, que la propia Agencia Nacional de Seguridad (NSA) consultada por Stone a través del senador Pete Domeneci, rehusó dar explicaciones sobre los papeles Aquarius argumentando que afectaban gravemente a la seguridad nacional.
¿Confirman todos estos indicios la existencia del Proyecto Galileo? De momento, las evidencias presentadas son ambiguas; los términos con que se describen los proyectos no encajan, y los testimonios aportados son de desigual credibilidad. Sin embargo, quizá haya un hilo conductor que nos pueda ayudar a desenredar el ovillo de este relato: tanto Lazar como Cooper, o como el propio Lear, han trabajado para servicios de inteligencia norteamericanos. Los dos primeros, a las ordenes de la Marina (una de las principales sospechosas de haber falsificado los documentos Majestic-12 (MJ12), y el último a las ordenes de "la Compañía", como comúnmente se conoce a la CIA en ambientes de inteligencia militar.


El peligro viene de dentro

Pero no acaba aquí la lista de ex-militares implicados en esta clase de "filtraciones" de información a la opinión pública. Sin ir más lejos Robert O. Dean, sargento mayor retirado de la armada norteamericana y destinado durante muchos años a la OTAN, saltaba recientemente a la palestra pública denunciando en las páginas de Omni que durante los años sesenta tuvo acceso a un informe emitido por el Cuartel General de la OTAN (llamado SHAPE, en nombre clave), en el que se afirmaba rotundamente que los OVNIs eran reales y de procedencia extraterrestre. En este documento, de casi treinta centímetros de grosor y clasificado con el sello Cosmic Top Secret (según Dean, el máximo nivel de secreto que se asigna a los documentos de la OTAN) se incluían también numerosas fotos de extraterrestres capturados por militares, dando cumplida cuenta de los análisis forenses a que fueron sometidos los cuerpos. Entre sus conclusiones podía leerse inequívocamente que nuestro planeta y nuestra especie han sido el producto de una detallada investigación por parte de varias civilizaciones alienígenas en el pasado, y que sus últimas y abundantes apariciones parecen obedecer a un calculado plan que culminará con su aparición abierta y masiva ante todas las naciones de la Tierra.
Lo curioso es que idénticas ideas se encuentran ya recogidas en libros descaradamente desinformadores como The Matrix que asentaron esta nueva doctrina ufológica a finales de los años ochenta, mezclando hábilmente noticias-basura tomadas de periódicos sensacionalistas americanos (tabloides) con informes de carácter científico de toda índole, pero sacados de contexto. Hoy son muchos los que creen que el colectivo informal al que pertenecen Lazar, Cooper, Lear y Dean forma parte de una cuidada estrategia intoxicadora de la opinión pública auspiciada por los servicios de inteligencia de las Fuerzas Armadas. Para muestra, un botón: el autor de la saga de libros The Matrix, es un oficial de la Oficina de Inteligencia de la Fuerza Aérea (AFOSI) llamado John Grace, que se camufla tras el pseudónimo de Valdemar Valerian. A juzgar por el giro que ha impreso en las dos últimas entregas de su obra, su objetivo de intoxicar el ambiente OVNI ha sido logrado, ya que sus nuevos intereses se centran hoy en temas como la guerra bacteriológica o las manipulaciones genéticas incontroladas.
Ahora bien: ¿desinformación, para qué? Jacques Vallée, en su obra Revelations (1991), insinúa que los continuos rumores sobre aterrizajes y despegues de OVNIs dentro de aquella base "son deliberadamente insertados por los militares en un esfuerzo por desacreditar los informes realizados por cualquiera que pueda ver las extrañas maniobras de avanzadas aeronaves en la zona". No olvidemos que en esas instalaciones se vienen probando desde hace varios años aviones espía ultrasecretos como el U-2 o el SR-71, y cazas de la tecnología Stealth, como el F-117 A. Un caza al que, por cierto, se hizo responsable de la oleada de avistamientos de OVNIs triangulares que vivió Bélgica entre 1989 y 1990. ¿Casualidad?


¿Pacto o delirio?

La brecha abierta por el senador Steven Schift al respecto del caso Roswell podría aclarar proximamente buena parte de estas incógnitas, ya que toda la política de secreto sobre OVNIs que actualmente defienden los Estados Unidos se asienta en aquel ya remoto accidente de un OVNI en Nuevo México. Será interesante conocer las razones que obligaron a los militares a desplomar un velo sobre el tema. Igualmente interesante será confirmar que la política norteamericana de silencio se implantó durante la segunda mitad del siglo en todo el mundo occidental, y que sus consignas son aún seguidas por otras organizaciones, entre las que podría encontrarse el Ejército del Aire español en su actual proceso de desclasificación de sus archivos OVNI.
Mientras esperamos que se produzcan estos resultados, seguirá planeando la duda sobre la existencia de un complot internacional para ocultar la "horrible verdad" de la que hablábamos. Aún a sabiendas de que el argumento del "pacto" con extraterrestres cojea en un punto fundamental: todas las fuentes que dan cuenta de semejante hecho son oficiales que per se carecen de la graduación suficiente para acceder a los secretos que reclaman saber. Además, sus antiguos superiores les han "dejado hacer" una vez que abandonaron sus puestos militares. ¿No resulta extraño que no se atajaran de raíz semejantes declaraciones? ¿No debería alertar a la comunidad ufológica el hecho de que esta clase de individuos se encuentren hoy cómodamente asentados en su seno? Y por último, ¿no estarán estos individuos cumpliendo una última misión, como civiles: la de desprestigiar cuarenta años de investigación OVNI?

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